Acto Tercero
LA REINA DEL DRAMA / The Drama Queen!
No ha acabado
de dictaminar su sentencia el Rey del Drama, cuando sale al ruedo La Reina. Se
llama Intransigencia, y aunque ha sido invocada con bastante sutileza, sin ser
mentada, su aparición es arrolladora. De lo sutil, salta al plato casi como si
fuese un delicado postre; pero, apenas si ha percibido los flashes cuando acomete contra aquéllos que -desde la perspectiva
que les otorga el ver el teatro del absurdo y sus protagonistas desde la
barrera-, han tratado de mediar y
alertar a la masa del peligro que se cierne sobre el mancillado cielo
capitalino. La Reina está furiosa contra los poquitos que han salido en defensa
de la triste y cándida ciudad de Bogotá; puesto que sabe bien lo clave que es
el cónclave y el enclave en el que ella ha llegado a ser la imprescindible:
juego político que se representa desde hace ya más de cien años y, sus
protagonistas llaman entelequías!
Intransigencia,
dicen los pocos que todavía pueden verla sin sus velos ni cortinas de humo,
tiene la belleza bárbara que le otorga su poder: el poder de jugar en y con/tra
todos los bandos; pues todos los bandos, a la hora de la entelequía, no son más
que uno y el mismo bando; he ahí su poderío y fuerza. Así, los pocos que pueden
ver el panorama completo, y lo único que desean es el entendimiento y la búsqueda
de soluciones que saquen a la triste y cándida ciudad de Bogotá, y de taquito
al país, de su estado de postración y estancamiento, ven a Intransigencia en
toda su dimensión y saben que, como el de toda Reina que se respete, su oficio
es el de la intriga y la malidicencia; encargadas de sembrar discordias
aparentes y/o entablar lazos de amistad bajo ciertas condiciones; dependiendo
todo de la conveniencia de los unos y los otros. Es, un postre sí, pero endulzado
con veneno que la hace también: lábil y manipulable. Porque aquellos que la han
entronizado y alimentado lo han hecho con tal tacto y sutileza que, quienes le
echan mano, o son poseídos por ella, no perciben el peligro que se alberga en
sus tocados, ni la mala leche con que ha sido sustentada. La masa, con una
venda en los ojos, solo vislumbra su coquetería y el poder de seducción que
emana de sus endiablados ojos. Mientras sea ella quien reine, quienquiera que
sea el Rey del Drama ,y quienquiera que sean los demás reyezuelos tras las
bambalinas, todos se sabrán a salvo. En más de cien años de conciábulos ellos
han probado y comprobado que, excepto en contadas ocasiones -solo cuando alguno
se les sale de las manos-, tan solo aquéllos que hacen parte de la masa serán y
deberán ser los que, bien enzarsados, no solo pongan los votos sino que,por ellos, y tras ellos, vayan
quedando interminables ríos de sangre, sudor y lágrimas... en el campo, el
asfalto, las grandes construcciones...... y/ o las minas.
Y, como el
truco es hacer que la masa no piense, y que los que piensan lo hagan para tomar
partido, la puesta en escena seguirá su curso indefinido, sin importar quién
sea el Rey del momento. Porque para la masa, mientras los que los manejan sepan
lidiarlos –todo menos liderarlos-, solo habrá un escenario posible: el del
circo, con los bandos que lo PRO y/o AN-tagonizan. He ahí pues, como la triste
y cándida ciudad de Bogotá, con su espalda pelada y sangrante de tanto aguante, no logra que alguien le meta
mano, no para manosearla y abusarla, sino para sacarla del hueco negro y
maloliente en el que la han mal tenido y explotado... Porque el día que la
gente empiece a pensar y a preguntarse qué carajos es lo que tiene esta ciudad
que, a pesar de ser una papa caliente, todos se pelean por agarrarla y, una vez
la tienen en sus manos , de lo único que les afanan es exprimirla... ese día
será París en Troya!
He aquí el
porqué, Intransigencia es y será la imprescindible. Intransigencia es y será la encargada de
azusar a la masa para que tome partido y defienda lo y a los indefendibles,
como lo es nuestro próximo pro/an/tagonista: El Principe de las Tinieblas. Un
personaje siniestro, como todos, que aparecerá en su trigesimoséptima situación
dramática, con su séquito de hijos/as legitimos,ílegitimos y adoptados y es, ni
más ni menos, que la mano inverecunda que maneja a todos desde... el entramado..
hasta las corbatas. Advierto pues que salir, lo que se dice salir, no saldrá.
Es que aunque parezca inverosímil siempre ha estado ahí: en su baticueva, desde
donde haciendo uso de un aparatico que le ha caído perfectamente a su batidedo,
emite batitrinos que, sin serlo, se convierten en batiórdenes que, o bien la
masa, o bien sus séquito de hijitos/as, se encarga de llevar a cabo... Y... Oh! Quién
será, quién sera... que está dónde se
apuestan los infelices... que está donde se cocinan las mermeladas, que está
donde se emiten todos los perdones y todas las sentencia?
En el
entarimado, durante el entreacto, aparece un colado: es el director de
orquesta, ups! Con su pluma en la mano,
temblando de miedo, le pide a la muchedumbre un minuto de silencio, Es para que
no nos domine la intransigencia, les dice el director casi con ojos de súplica.
Tal vez por lo excepcional de su acto, logra el milagro de que la masa se
silencie y lo oiga. Entonces él, echando mano de las palabras, trata de hacer
que la misma comprenda que lo que aquí se dice no es para despertar más
pasiones encontradas, es solo para que por lo menos por una céntesima de
segundo, en honor de la ciudad que nos da alberge, nos tomemos el tiempo para
pensar con cabeza fría; libre de tanta creencia, religión, partido y miedo;
libre de todo velo y encantamiento. Y así,
les pregunta: Qué estamos haciendo al permitir que nos dividan entre oligarcas
y proletarios; dueños y lacayos; ricos y
pobres; o... lo que sea. En definitiva, les dice el director secándose el sudor
que le resbala por la frente, lo que deseo es que juntos, aunque tan solo sea
por un instantón, seamos libres. Tal vez así, les dice, se desaltere el orden
de las órdenes y, parafraseando a la Mamá Grande, añade... Tal vez así... El
orden social deje de ser rociado por la muerte y, el presidente de la
república, a quien los sentimientos urbanos parecen llegarle a través de un
filtro de purificación, perciba por un instante, la silenciosa consternación de
la triste y cándida ciudad de Bogotá.
*Hoy,
domingo 4 de mayo del 2014, luego de haber escuchado una charla sobre la locura
que representa para Colombia eso que han dado en llamar la Locomotora minera, y
de haber leído en los periódicos que después de cuatro días aún ni siquiera se
sabe a cuánto ascienden las víctimas del derrumbre en una mina de oro en el
Cauca, me parece que el cuento de
Gabriel García Márquez, Los Funerales de
la Mamá Grande, es de lo más actual, como lo es también la entelequía de la
loco...motora bananera... ! Porque aún
todavía, en Colombia, a estas alturas de la historia, no hemos logrado alterar
el desorden de las cosas. Es casi un chiste cruel escuchar que a estas alturas,
todavía ni siquiera existe una legislación clara sobre la explotación de nuestros
recursos naturales y, por lo mismo, las grandes multinacionales y demás
empresas que han llegado a explotar nuestros recursos naturales, hacen y
deshacen sin que en Colombia haya un gobierno que los obligue a cumplir por lo menos con las normas más
básicas y elementales: las de la protección de la vida humana de cada uno de
nuestros hermanos mineros, hasta la de nuestra Madre Tierra (para más Oxfam,
que anda por aquí dándose de.. golpes de pecho!). Eso para no preguntar qué carajos pasa con las
regalías, o por qué no hay una inversión real que beneficie a todos los
ciudadanos colombianos. No obstante, todo sigue como en la época en que Mr
Brown llegó a Macondo y, luego de acabar con todo, no dejó ni siquiera la
locomotora para que los sobrevivientes tuvieran como salir de la Locombia. Señores,
no hay ni siquiera un línea ferroviaría en Colombia! Ups!
Carmen Socorro Ariza-Olarte
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