Educación ‘Gratis’ versus
Educación Obligatoria
Escrito por Carmen Socorro
Ariza-Olarte
He leído un tuit del presidente Santos donde dice
literalmente, Hay todavía 240 mil niños
en el Caribe que no están en el colegio. No hay excusa para que no vayan. El colegio
es gratis. Y como de mejorar, no solo la cobertura de la educación en
Colombia, sino también la calidad de la misma, es de lo que se trata, lo que me
gustaría escuchar decir al presidente no es lo de que no hay excusa porque la
educación es gratis, sino que no hay excusas porque simplemente ir a la escuela
es una obligación y punto.
¿Y por qué NO lo dice? pues porque no puede; no está
incapacitado pero sí imposibilitado. Y es que en aquellos países en los que los
chicos se las ganan todas, como en Finlandia u Holanda -por lo que me toca-, la
educación básica no solo es gratuita -diferente
a gratis-, sino obligatoria. Ningún
padre de familia puede negarse a enviar a sus hijos a la escuela, ni ningún
chico puede dejar de asistir a la misma así como así porque hay controles y
medidas que se aplican y, casi siempre, le cuestan mucho dinero en multas a los
que no las cumplen; además de que pierden los benefecios que les corresponden*.
Entonces para empezar; conociendo bien la geografía,
la economía, la infraestructura, la desorganización burocrática y demás de
nuestro país; una sabe que todavía estamos muy lejos de alcanzar la media
exigida de cobertura, calidad y demás; precisamente por todos los factores
antes mencionados, más otros muchos. De
esta manera es muy difícil que la educación aparte de gratuita sea obligatoria
y buena. Un gobierno como el nuestro no puede obligar a nada cuando no cumple
con sus deberes y por ende no tiene los medios para procurar, primero los
controles (pago de impuestos, por ejemplo), y luego las instalaciones, los
profesores, las vías... Entonces, para dorar la pildora, es más fácil decir que
la educación es ‘gratis’, o, darle mercaditos a las familias para que obliguen
a sus hijos a ir a la escuelita de doña Rita, así sin más, por el mercadito
gratis, y seguir estancados en los tiempos en que el general Rojas Pinilla
mecía en su carrusel al ex-alcalde Moreno.
Y si pongo entre comillas lo de gratis es por muchas
razones; la primera porque gratis no hay nada, y eso lo saben muy bien los
países que nos dan limosna o nos subsidían las reformas educativas; segundo,
porque con el cuentico de que las cosas son gratis es como nos han mantenido y
mantienen siempre con la cabeza agachada y creyéndonos inferiores; y tercero,
porque ningún Gobierno en Colombia, ni antes ni ahora, ha estado ni está en condiciones
de realmente proveer un buen sistema educativo gratuito; o sea: uno que
funcione bien con el dinero proveniente de las regalías que produce la
explotación de nuestros recursos naturales más el pago de impuestos de las
grandes industrias nacionales y multinacionales y el de los ciudadanos común y
corriente –porque en estos países del Norte de Europa, donde los salarios y los
impuestos van de la mano, desde la bien-pagada empleada del servicio doméstico,
-pasando por los curas, los pastores y los santos- hasta el primer ministro,
pagan impuestos; que son usados en proveer bienestar a todos los ciudadanos y
no en alimentar la corrupción de la fuerzas armadas, estén estas dentro o fuera
de la legalidad del Estado. Todo eso sumado y administrado con transparencia
hace no solo factible sino posible que una buena educación -para solo hablar de
educación-, llegue y cobije a toda la población sin que nadie sienta que le
están dando limosna. Por el contrario, lo que se ve, si se compará con 20 o 30
años atrás es que nuestra educación y el sistema educativo, con todas las
reformas que le han implantado e implementado, en vez de mejorar ha ido empeorando;
precisamente cobijado todo bajo el lema de ‘educación gratis’. Y como todo es
gratis pues, no vale, y por eso desde las instalaciones del Álma Mater de los
colombianos de a pie: la Universidad Nacional, hasta la escuelita de doña Rita,
están en estado comatoso, pero eso sí, dizque, productivo: son obligados a
pagar impuestos. Algo muy al contrario de lo que sucede en los países que se
las ganan todas, donde los sistemas son capaces de autocríticarse y, por lo
mismo, están en constante cambio y renovación, que es muy diferente a destruir
lo ya existente para nunca volver a construirlo; cosa que suele suceder en
nuestro país y ha hecho que NO tengamos NI tren NI tranvía NI metro NI puertos
NI...caray... nada de NADA, excepto iglesias; pues como el sistema tenía fallas
en vez de corregirlas fue más fácil acabar con el sistema, ups! Fenómeno que
poquito a poco le ha venido sucediendo al sistema educativo, del que ni la
guerrilla quiere hablar en la mesa de negociaciones, tal vez porque ellos saben
que es más productivo hablar de cultivos ílicitos, además de que conocen bien
lo peligroso que pueden llegar a ser los estudiantes bien educados, ya no bien
alienados; recordemos el mayo del 68, o, por qué no, veamos las canas que le
están sacando a Maduro los estudiantes.
*El asterisco es para recordar también que a pesar de
todo lo que se diga y se crea, aquí el sistema educativo tampoco es perfecto,
todo lo contrario, la educación, como en casi todo lado es elitista y selectiva,
no solo en el sentido económico sino en el de las calificaciones; o sea: el
coeficiente intelectual del individuo cuenta a la hora de proveerle más y mejor
educación; o, hablando ya de destrezas, invertir en él/ella recursos para que
se convierta en un futbolista estrella o en una patinadora capaz de ganar
medallas olímpicas. Y precisamente por eso es también imperfecto (fascho, ups!),
hay muchos chicos que se pierden en la selección y terminan desertando. Además
de que aquí las instituciones estilo SENA no son tan buenas, como de verdad, y
lo digo de corazón, parece que lo es el SENA; el cual espero que siga en su
proceso de evolución y se convierta en ejemplo a seguir, en vez de empezar a
echar de para atrás cuando cambie el gobierno de turno, como es usual con las
instituciones que se rigen por las políticas de gobierno (proselitistas) y no
por las políticas del Estado.
Carmen Socorro Ariza-Olarte